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5 cosas que necesitas saber sobre huracanes y tormentas

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En América, la temporada de huracanes del Atlántico 2025 sigue activa. Especialistas en meteorología, gestión de desastres, autoridades públicas y millones de personas que viven en el Caribe tienen la mirada puesta en el huracán Melissa, la tormenta número 13 del año, que -de momento- avanza lentamente hacia Jamaica.

Este año se han formado 13 tormentas con nombre de las posibles 19 que estaban pronosticadas. De esas, cuatro alcanzaron la categoría 1 o 2, y tres se convirtieron en huracán mayor, es decir, de categoría 3 o superior.

Pero, cuánto sabemos realmente de las tormentas y huracanes, cómo se forman, cuáles son sus características, y cómo podemos prepararnos. A continuación, contestamos cinco de las preguntas más comunes sobre las tormentas y huracanes:

️1. ¿Cuál es la diferencia entre una tormenta tropical y un huracán?

Ambos fenómenos son parte del mismo sistema, el ciclón tropical, que se define como un sistema de baja presión que gira en sentido antihorario en el hemisferio norte y en sentido horario en el hemisferio sur.

Lo que varía es la intensidad. Una tormenta tropical alcanza vientos entre 63 y 118 km/h, mientras que un huracán supera los 119 km/h.

Estos fenómenos tienen diferentes nombres según el lugar dónde se desarrollan:

  • Ciclones: cuando se producen en aguas del sudeste asiático y el océano Índico.
  • Tifones cuando se producen en aguas del este de Asia y el Pacífico.
  • Huracanes: cuando se producen en el Atlántico, el golfo de México o el mar Caribe.

Cada tipo está asociado a una estación que puede durar hasta siete meses al año.

No hace falta que se forme un huracán de categoría mayor para poner en peligro la vida de la gente. La lluvia y los vientos provocados por una sola tormenta son suficientes para representar una amenaza para la salud, el bienestar e incluso la sobrevivencia de las personas, especialmente en comunidades donde la crisis climática, la pobreza, la desinformación o desastres previos aumentan las condiciones vulnerables de la población.

En 2024, las tormentas se clasificaron como el segundo tipo de desastre más frecuente en todo el mundo, registrado en la base de datos EM-DAT, que afectó a 29,5 millones de personas a nivel mundial.

En América, debido a una combinación de factores geográficos, climáticos, políticos y socioeconómicos, la vulnerabilidad es especialmente grave en países como Haití, Cuba, Venezuela, República Dominicana, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bahamas y Antigua y Barbuda.

Los países afectados por el huracán Beryl en 2024, como Barbados, Granada, Jamaica y San Vicente y las Granadinas, también entraron en la temporada 2025 en medio de los esfuerzos de recuperación en curso.

2 ¿Cómo se forman las tormentas y huracanes?

Se forman sobre el mar. Para que este fenómeno suceda, el agua del océano debe estar cálida, por encima de 26 °C. Cuando el aire caliente y húmedo asciende, el vapor libera calor, que refuerza el sistema y lo hace crecer; y si la humedad y el viento son favorables, el sistema crece hasta convertirse en un huracán.

En el centro del huracán se forma un ojo, y una aparente calma. Mientras tanto, alrededor se forman nubes densas y vientos intensos que se conocen como la pared del ojo. Las nubes que giran en espiral descargan grandes cantidades de agua que pueden provocar inundaciones y deslizamientos de tierra.

Los huracanes se desplazan impulsados por el viento, siguiendo trayectorias que pueden variar según la dirección y la velocidad de las corrientes en distintos niveles de la atmósfera. Al tocar tierra, los huracanes pierden el calor del océano, que es su fuente de energía, y comienzan a debilitarse.

También debemos prestar atención a la rapidez con la que se intensifican. La intensificación rápida se da cuando hay un aumento de la velocidad del viento de 35mph o más en 24 horas, se ha vuelto más común debido al aumento de la temperatura del océano provocado por el cambio climático.

Este fortalecimiento repentino deja poco tiempo para prepararse, lo que aumenta el riesgo de daños catastróficos y pérdida de vidas. Entre los ejemplos más notables se encuentra el huracán Otis en 2023, que pasó de ser una tormenta tropical a un huracán de categoría 5 en menos de un día antes de azotar la costa pacífica de México.

3. ¿Por qué las tormentas y huracanes tienen nombre?

Los nombres se usan para identificar cada tormenta de forma fácil. Nombrar las tormentas es la forma más rápida de comunicar las alertas y preparar a la población.

La Organización Meteorológica Mundial tiene listas de nombres que se reutilizan cada seis años. Las listas se construyen en orden alfabético, alternando entre nombres de hombres y mujeres. Cuando un huracán causa mucha destrucción, entonces su nombre se retira.

Los nombres facilitan el seguimiento y el análisis de cada tormenta en particular, especialmente cuando hay varias activas al mismo tiempo. También facilitan el registro histórico y ayudan a evitar confusiones entre el personal de meteorología, los medios de comunicación, las instituciones de respuesta a emergencias y la población en general.

Cuando se hacen las listas de los nombres, se tienen en cuenta ciertos factores:

  • Que sean cortos.
  • Que sean fáciles de pronunciar.
  • Que tengan un significado adecuado en diferentes idiomas.
  • Que sean únicos: no se pueden utilizar los mismos nombres en otras regiones.

4. ¿Qué tan predecibles son los huracanes?

Los pronósticos meteorológicos permiten anticipar la llegada de tormentas y huracanes y prepararnos antes de que ocurran los desastres.

La tecnología nos permite seguir de cerca la trayectoria y la velocidad con la que se desplazan sobre el mar. El huracán Melissa, por ejemplo, se mueve lentamente, y ese movimiento lento implica un peligro máximo. Entre más lento avance una tormenta o huracán, más prolongado será el período en el que las comunidades a su paso sufran fuertes ráfagas de viento y lluvias torrenciales. En lugar de unas horas, estas condiciones podrían mantenerse por días, provocando inundaciones o deslaves.

Por eso, el tiempo es fundamental para que las comunidades completen los preparativos antes de que las condiciones se deterioren. Es importante combinar los pronósticos con el análisis de riesgos para tomar medidas tempranas antes de los huracanes, en lugar de simplemente responder a los eventos.

La Cruz Roja, los gobiernos, las comunidades y otros actores humanitarios pueden actuar antes de que ocurra un desastre implementando sistemas de alerta temprana, protocolos de evacuación y simulacros, o ubicando la ayuda humanitaria en lugares estratégicos para garantizar una entrega rápida a las zonas afectadas durante una emergencia.

Este enfoque nos permite anticiparnos a los desastres, minimizar su impacto y prevenir el sufrimiento, la pérdida de vidas y medios de subsistencia.

5. ¿Qué debo hacer antes, durante y después de un huracán?

Antes de que inicie la temporada de huracanes, es fundamental conocer los riesgos del lugar donde vive y elaborar un plan familiar y comunitario de evacuación. Se deben identificar los refugios más cercanos, definir rutas seguras y asegurarse de que todos los miembros del hogar sepan qué hacer en caso de emergencia.

Para reforzar la estructura de su vivienda: asegúrese de que el techo esté bien fijado, instale contraventanas, limpie las canaletas y pode las ramas que puedan caer. Además, prepare provisiones como agua potable, alimentos no perecederos, linternas, medicinas y un botiquín de primeros auxilios.  Rellene los tanques de combustible de los vehículos antes de que estén medio vacíos, en caso de que necesite evacuar.

Una vez que se active una alerta o aviso de huracán, prepárese para evacuar si así se lo indican las autoridades locales. Asegure los documentos importantes en bolsas impermeables y coloque los objetos de valor en lugares altos.

Durante el huracán, infórmese por medios oficiales y siga las indicaciones de las autoridades. Si permanece en casa, refuerce puertas y ventanas, manténgase lejos de ellas y busque resguardo en una habitación interior sin ventanas.

Ubique a las mascotas dentro, desconecte los electrodomésticos pequeños y, si se le indica, corte los suministros de electricidad, gas y agua.

No se deje engañar por la calma del ojo del huracán: permanezca a salvo hasta que las autoridades confirmen que el peligro ha pasado.

Después del huracán, revise si hay personas heridas y brinde primeros auxilios sin mover a personas gravemente lesionadas, salvo que estén en riesgo.

Evite los edificios dañados y los cables eléctricos caídos, ya que pueden causar electrocución. No consuma agua ni alimentos que puedan estar contaminados, y mantenga una buena higiene.

Apoye a sus vecinos y participe en las labores de limpieza y recuperación solo cuando sea seguro hacerlo. Infórmese sobre nuevas alertas o riesgos secundarios, como inundaciones o deslizamientos de tierra.

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