Al cumplirse el 28 aniversario del paso por el país del Huracán Georges, de categoría tres y vientos de 200 kilómetros por hora, azotó con lluvias, vientos e inundaciones parte de las regiones Este y Sur, provocando muertes, desolación, penurias y pérdidas por más de 33 mil millones de pesos, una revisión más reposada revela otras consecuencias: la transformación operativa del sistema de socorro dominicano, de la que la ley 147-02 es resultado, y la Cruz Roja Dominicana beneficiaria aprovechada de esos cambios.
El 22 de septiembre del 1998, fecha del fenómeno atmosférico, el país carecía de una estructura de socorro organizada para responder a eventos de esa naturaleza y magnitud, y aunque existían la Defensa Civil y la Cruz Roja, ambas organizaciones tenían debilidades internas que limitaban la disposición de atención y servicios que demandaban las vulnerabilidades y daños provocados, por lo que se responsabilizó de esas tareas a las Fuerzas Armadas.
Los registros establecen que 283 personas murieron, cientos resultaron heridas, hubo muchas desaparecidas, más de 260 mil damnificados y cuantiosos daños a la infraestructura nacional, con 112 puentes afectados, entre otras calamidades, lo que dificultó el desplazamiento de socorristas y la ayuda, pese a los esfuerzos para aliviar el sufrimiento de las víctimas y garantizar los servicios.
La catástrofe desafió a todos, pero la responsabilidad institucional de los organismos de socorro, en particular la Defensa Civil y la Cruz Roja, demandaba de estas más urgencia y apropiada respuesta, en las arriesgadas labores de evacuación y rescate de emergencia a familias en zonas vulnerables como el sector Mesopotamia, de San Juan de la Maguana, arrasado por las crecidas de los ríos San Juan y yaque del Sur, y en Tamayo, enterrado por un aluvión de lodo que arrastró el desborde de esos cauces.
Con más de 260,000 personas desplazadas, la Cruz Roja desempeñó un papel clave en la organización de refugios temporales, en los que asumió la distribución de alimentos, agua potable, kits de higiene personal, insumos médicos básicos, los paramédicos atendiendo a los necesitados de primeros auxilios y el suministro de sangre y otros hemoderivados para los hospitales públicos, colapsados por los cientos de heridos.
La devastación de Georges reveló otra característica de la Cruz Roja Dominicana: ser canalizadora de la solidaridad del Movimiento Humanitario a través de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y Media Luna Roja (FICR), que con el Llamamiento de Emergencia (Appeal 29/98), a través de programas de alimentación y salud comunitaria, sustentaron la asistencia alimentaria y médica de la filial dominicana para asistir a más de 156,000 damnificados directos durante los meses posteriores a la catástrofe.
Aprobado apenas diez después de que el huracán tocara suelo dominicano, el Llamamiento de emergencia 29/98, buscaba cubrir las necesidades de rehabilitación y socorro de agua potable, alimentos, alojamiento de emergencia, suministros médicos, control de vectores y reparación de viviendas, determinantes para evitar una crisis humanitaria y nutricional mayor en el país, y fue alivio un económico familiar, que además fortaleció la red de distribución local.
Esto dejó instalada una capacidad técnica de respuesta y bases de datos comunitarias que sirvieron para optimizar futuras entregas de asistencia humanitaria en el país, creando un sistema técnico para manejar el masivo ingreso de ayuda humanitaria, gestionar la agilización de los trámites burocráticos aduanales, control de inventarios que verifica y clasifica la carga por fechas de vencimiento (especialmente de medicamentos) y un sistema de trazabilidad para evitar el robo, la pérdida o el desvío de insumos en los muelles portuarios.
(Esa experiencia fue puesta en práctica durante los recientes terremotos de Venezuela que convocaron la solidaridad internacional, en la que el Movimiento Humanitario ha tenido principalía, y la Cruz Roja Dominicana desarrolló una gestión de acopio y traslado de insumos hacia el país sudamericano, que le valió el reconocimiento de instituciones y empresas nacionales por la confianza de la institución).
Ese despliegue logístico en 1998 resultó, entre otros beneficios, que República Dominicana albergue uno de los principales Almacenes y Corredores Logísticos Humanitarios de la FICR en el Caribe, diseñado para gestionar con rapidez los cargamentos internacionales ante futuras crisis regionales, que puedan presentarse en el país, Haití y Cuba, que integran ese hub.
De la reacción a la prevención
La devastación dejada por Georges marcó un antes y un después en la República Dominicana, de manera más visibles en instituciones como la Cruz Roja Dominicana, que a partir de entonces modernizó su operatividad en las comunicaciones con sistemas de radio de alta frecuencia (HF y VHF) y comunicación satelital; pasó de la reacción espontánea a una cultura de prevención, mitigación y gestión integral del riesgo, y a una mayor coordinación del voluntariado.
Antes, el voluntario solo ayudaba en crisis, pero hoy se agrupa en 156 filiales establecidas a lo largo y ancho del país, integradas por más de diez mil personas- registradas en una plataforma tecnológica-, la mayoría entrenada en protocolos de Sistema de Atención Temprana (SAT), con la misión activar las alarmas locales si ocurriera alguna situación de emergencia y son esenciales en programas de prevención y acciones de resiliencia comunitaria.
El huracán George fue una evidencia trágica, dolorosa, de que República Dominicana, debido a su ubicación geográfica, condiciones climáticas y vulnerabilidades sociales y territoriales está amenazada siempre por huracanes, tormentas tropicales, inundaciones, deslizamientos de tierra, incendios, accidentes de tránsito y emergencias sanitarias que representan escenarios recurrentes que impactan a las comunidades y a las infraestructuras del país.
La ventaja de ahora, resultado de aquella experiencia, es que la Cruz Roja Dominicana, en su rol de auxiliar de los poderes públicos en materia humanitaria, mantiene acciones permanentes orientadas al fortalecimiento de las capacidades técnicas, operativas y organizacionales de sus equipos de respuesta a nivel nacional, tal como lo demuestra el recién pasado Campamento Nacional para Socorristas.
En el mismo, durante cuatro días fueron entrenados más de 270 voluntarios en capacidades operativas de la Unidad Nacional de Intervención Rápida (UNIR), la Unidad Nacional de Emergencias Médicas (UNEM), el Equipo Nacional de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades (EDAN) y el Equipo Nacional de Apoyo Psicosocial o Salud en Emergencias, fortaleciendo los estándares institucionales de respuesta ante fenómenos hidrometeorológicos .
